En septiembre de 2022 publiqué por primera vez en mi sitio web una columna titulada «Bienvenida la Maldita Primavera». En aquel momento, quise poner en palabras una contradicción que se repite año tras año: mientras las calles y los medios se saturan con la euforia de las Fiestas Patrias, las mini vacaciones y la sensación colectiva de que el año ya se acabó, en el silencio del box psicoterapéutico el escenario suele ser completamente opuesto.
Para muchas personas, el florecimiento no trae alivio; trae asfixia. La imposición social de estar alegre, salir y celebrar choca de frente con un sufrimiento psíquico que no calza con el calendario. Volver hoy sobre ese texto es una necesidad ética y clínica: la realidad epidemiológica reciente y lo que escucho a diario en consulta confirman que la primavera sigue siendo una de las épocas más críticas y desatendidas para la salud mental en Chile.
El cuerpo no miente: la paradoja de la luz
Lejos del romanticismo estacional, el tránsito del invierno a la primavera genera un sacudón biológico severo. El aumento brusco de las horas de luz y el calor desajustan los ritmos circadianos y alteran la producción de melatonina y serotonina.
En personas con trastornos del ánimo no diagnosticados o en tratamiento, esta aceleración neuroquímica no se traduce automáticamente en bienestar. Provoca lo que conocemos clínicamente como la «primavera gris»: un cuadro marcado por insomnio de madrugada, irritabilidad a flor de piel, crisis de angustia y una fatiga que no se quita durmiendo. Quien lo vive siente que su cuerpo se descompensa justo cuando el resto del mundo parece revivir.
La evidencia en Chile (2024–2025) y el riesgo real
Existe el mito popular de que los meses fríos y oscuros de invierno concentran el mayor peligro de suicidio. La evidencia científica y los registros del Ministerio de Salud (Minsal) demuestran exactamente lo contrario:
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El patrón estacional: Entre febrero y agosto las conductas autolíticas suelen mostrar un descenso relativo; sin embargo, es a partir de septiembre cuando la curva de consultas, ideaciones y desenlaces fatales comienza a subir, manteniéndose alta durante la primavera y alcanzando sus puntos más críticos hacia diciembre y enero.
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Una realidad país alarmante: Con una tasa nacional en torno a los 10,3 por cada 100.000 habitantes, el suicidio supera largamente a las muertes por causas externas como homicidios, consolidándose como la segunda causa de muerte en jóvenes y adolescentes en Chile.
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La herida de la soledad: Mediciones recientes como el Termómetro de la Salud Mental ACHS-UC (2025) revelan que cerca de un 19% de los adultos refiere sentimientos severos de aislamiento y desconexión social. En estas fechas, ver al resto celebrar mientras uno se siente roto amplifica el dolor y la culpa.
Desde la psicoterapia vemos con alarma un factor determinante: el desfase psicomotor. La luz solar y el cambio ambiental suelen reactivar primero la energía física antes de que mejore el estado de ánimo o remita la desesperanza. Quien durante meses estuvo paralizado por una depresión severa, de pronto recupera la fuerza motriz para actuar, pero sigue atrapado en un dolor intolerable. Esa brecha es, precisamente, el momento de mayor vulnerabilidad y riesgo autolítico.
Mirar de frente: cómo cuidar y acompañar
Prevenir el suicidio no es un asunto que deba quedar restringido a las cuatro paredes de una consulta médica; nos convoca como comunidad. Exige estar atentos a cambios que no siempre son evidentes:
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Un aislamiento progresivo o el desapego repentino de actividades y afectos cotidianos.
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Alteraciones graves del descanso o un cansancio crónico que desborda a la persona.
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Frases que insinúan despedida, agotamiento existencial o la convicción de «ser un estorbo».
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Una serenidad o alivio súbito tras días de desesperación extrema (señal clásica de que la persona puede haber tomado una decisión drástica).
Acompañar a alguien en este estado requiere dejar de lado las frases hechas. Decirle a alguien deprimido que «se anime», que «haga un esfuerzo» o empujarlo a la fuerza a reuniones sociales no ayuda; solo incrementa su sensación de fracaso e incomprensión. Cuidar implica sostener una presencia tranquila, asegurar las rutinas mínimas (alimentación, sueño, pausas al aire libre sin exigencias) y, sobre todo, atreverse a preguntar: «¿Lo estás pasando muy mal? ¿Has pensado en hacerte daño?». Nombrar el dolor no incita el acto; abre una puerta de salida al aislamiento.
Si sientes que esta primavera se ha vuelto una carga imposible de llevar, o si notas estas señales en alguien a quien quieres, buscar ayuda a tiempo es vital. No hay ninguna obligación de estar bien solo porque afuera brille el sol, y no tienes que cruzar este momento en soledad.
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Fono *4141 («No estás solo/a» – Minsal): Línea gratuita, confidencial y disponible las 24 horas del día para atención en crisis y prevención del suicidio.
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Fono Salud Responde: 600 360 7777.
Para orientación, acompañamiento psicoterapéutico y consultas:
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Web: www.andrescolque.cl
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Instagram: @andrescolque
Para revisar las orientaciones técnicas del sistema de salud chileno sobre este tema, puedes consultar: Medidas de contingencia y prevención del suicidio por estacionalidad.

